Universum, tres décadas de trascender fronteras y conjuntar disciplinas

Para Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, un recinto joven próximo a cumplir 30 años, las renovaciones son importantes; impiden que se vuelva un “mausoleo” y permiten dar cuenta de los avances de la ciencia.

Lo que busca el público escolar o una familia cuando acuden al recinto, es que la Universidad “les dé la cara más actualizada del conocimiento; y es ahí donde tratamos de mantenernos a la vanguardia”, afirma su directora, María Emilia Beyer Ruiz.

Se ha luchado por renovar espacios y mantenerse vigentes; “mostrar al público que no tienes los mismos contenidos que hace 10 años, es lo que atrae constantemente al visitante”, en promedio, medio millón anual, añade la universitaria.

Hoy, en 12 mil metros cuadrados, hay 13 salas permanentes, así como dos de exposiciones temporales; con motivo de sus primeras tres décadas abrirá un pabellón dedicado a la tecnología, que incluye realidad aumentada.

En 1989 la idea de un museo, “concebido, realizado y luego operado por hombres y mujeres de ciencia”, era un proyecto: el de un espacio que “debería ser activo e interactivo; tendría salas de ciencias exactas y naturales; mezclaría el arte con la ciencia; y atendería a una amplia gama de público”.

El sábado 12 de diciembre de 1992, Universum abrió sus puertas, con lo que cristalizó un anhelo de divulgación científica planeado por casi 10 años. A 30 años de su inauguración, ha cumplido su cometido con creces: ser un recinto vivo de la cultura científica, un lugar para mirar, tocar, aprender y ensayar, al que han acudido más de 14 millones 300 mil visitantes.

Evolución

Es imposible pensar en lo que se ha logrado sin mencionar el nombre de Luis Estrada, gestor y maestro de las primeras generaciones de comunicadores de la ciencia de la UNAM, y fundador y director del Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia, antecedente de la actual Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC), relata la directora.

Aunque al inicio en ese lugar sólo se realizaban programas de radio o revistas, el proyecto de Universum adquirió importancia y visibilidad hasta que, en el rectorado de José Sarukhán Kermez, se asignó el edificio que albergó al Conacyt para el Museo de las Ciencias, bajo el mando de Jorge Flores Valdés. Al inicio sus salas fueron: Estructura de la materia, Matemáticas, Energía, Biodiversidad, Agricultura, Ecología, Biología humana y salud, Comportamiento animal y sociedad, además de Astronomía.

Su crecimiento y renovación han sido interesantes. “Universum surgió con la visión de ser un apoyo a la enseñanza formal y fomentar las vocaciones científicas en los jóvenes”. Por ello, varios de los esfuerzos iniciales estuvieron orientados a atraer a los alumnos de bachillerato, a fin de que ahí se enfrentaran de manera lúdica a la ciencia y consideraran estudiar una carrera del área. Aunque esa era una de las líneas de trabajo principales y continúa vigente, “la realidad se impuso”.

Los estudios del público mostraron que los visitantes promedio eran estudiantes de 14 años; es decir, de secundaria. De ese modo, “nos hemos transformado atendiendo no sólo lo que queremos emitir como mensaje, sino comprendiendo las necesidades y expectativa de todo tipo de público, y diseñando actividades y experiencias que se adecuen a él”, afirma.

Aprendimos que en una misma exposición puede haber diferentes niveles discursivos y que es posible plantear una serie de preguntas y diálogos entre los objetos que exponemos y quien los mira, sin importar el rango de edad, la escolaridad o sus intereses particulares. Contar con exposiciones que tienen distintos niveles de lectura es un acierto que hemos aprendido a lo largo de estos 30 años, detalla Beyer Ruiz.

Al ser lúdico, “nos convertimos en un espacio de visita familiar, sobre todo en fines de semana; el trato al público más pequeño implicaba el diseño de experiencias divertidas y distintas, y una atención ágil, dinámica y cambiante”. Es por ello que hace 22 años se inauguró el Espacio Infantil, para bebés y niños de cero a seis años de edad, aunque por la pandemia permanece cerrado.

“Hemos aprendido a tomar un concepto de la ciencia, que puede ser el mismo sin importar el nivel: bachillerato, secundaria o niños pequeños -por ejemplo, ‘ecosistema’ o ‘biodiversidad’-, y a comunicarlo mediante estrategias diferentes, espacios diversos y rincones del museo distintos”.

Asimismo, continúa, Universum evolucionó en la presentación de las temáticas porque la ciencia no está encasillada, sino que se comparte y se comunica, además de que las Ciencias Sociales también están presentes. Por ello, en los últimos tres años “hemos tratado de abatir las fronteras del conocimiento que en la realidad no están dadas sino por un currículo escolar, por ejemplo, y establecer hilos narrativos que conecten a las salas”.

Las exposiciones permanentes son: Física; Agua, elemento de vida; Imaginario matemático; R3, reduce, reutiliza, recicla; El cerebro, nuestro puente con el mundo; La química está en todo (que incluye al Baylab, un laboratorio en colaboración con la empresa Bayer en el que los adolescentes y jóvenes pueden hacer experimentos); Universo; Hábitat; Evolución, vida y tiempo; Salud, vida en equilibrio; además de Sexualidad. Y como parte de la reciente renovación del museo, se cuenta con las salas dedicadas al Océano, y Tesoros: fósiles y minerales de México.

En septiembre, además, se inauguró la sala Decide: tu espacio, tus ideas, que expone cómo podemos tratar de resolver los problemas que enfrentamos; y en 2023 “nos gustaría contar con experiencias tipo ‘cuartos de escape’, donde haya un reto por resolver utilizando el método científico”.

Historia de éxito

La directora comenta que el mayor número de visitantes a Universum depende de las exposiciones temporales y las renovaciones del lugar. Una destacada fue la muestra Body Worlds, que permitió a los visitantes observar el cuerpo humano a partir de una perspectiva sin precedentes, gracias a la técnica de preservación denominada plastinación, desarrollada por Gunther von Hagens.

“Atrajo tal cantidad de visitantes que tuvimos que aprender formatos más ágiles y versátiles para la atención del público”. Además, como fue en ese caso, el recinto constantemente está en la búsqueda de aliados, tanto nacionales como internacionales.

Ejemplo de ello es que para comenzar los festejos por el cumpleaños número 30, en colaboración con el Museo Americano de Historia Natural, se presentó de junio a octubre del año en curso la exposición Historias Naturales: 400 años de ilustración científica, una exhibición traída de Nueva York, la cual mostró imágenes que fueron creadas en pro de la divulgación del conocimiento a través de la ilustración científica y los naturalistas más prestigiosos de la época.

Además, de agosto de 2022 a marzo del próximo año, la exposición fotográfica Aves del Pedregal, que se acompaña de algunas piezas artísticas, materiales audiovisuales y, por supuesto, del canto de algunos ejemplares.

Asimismo, la empresa Microsoft también se sumó a la celebración con el desarrollo de un proyecto de última generación para el jardín del museo, llamado “Huerto Inteligente”, en el cual los visitantes pueden interactuar con los cultivos y conocer las herramientas de monitoreo y cómo estas pueden ayudar a la producción de alimentos.

De igual modo, en noviembre se llevó a cabo el festival de neurociencias “Neurofest”, mediante el cual se abordó lo que le ocurre al cerebro cuando está de fiesta. Para continuar con el festejo se inaugurará, en colaboración con Fundación Telefónica, una muestra referente a la ciencia del color.

De enero a agosto de 2022 se registraron cinco aperturas de espacios nuevos o exposiciones, gracias al trabajo y compromiso de los colaboradores de Universum: diseñadores gráficos e industriales, arquitectos, asesores científicos de las áreas naturales y sociales, divulgadores, museógrafos, literatos, artistas ilustradores, pedagogos, etcétera. Museos como este “trascienden fronteras, y unen disciplinas y profesionales”, asevera María Emilia Beyer.

Un planetario, mariposario, obras de teatro con temática científica, conferencias, talleres, y un programa educativo de divulgación fuera de las instalaciones del recinto, en escuelas o casas de cultura, por ejemplo, denominado Universum 360º, completan la oferta que el Museo de las Ciencias ofrece al público.