La Crolumna/Javier Macías García


La marcha, analogía de los aspirantes

Morena y un camino que se bifurca

El comportamiento de los aspirantes de Morena a la Presidencia de la República, durante la marcha del 27 de noviembre, es una analogía de su día a día.

Claudia Sheinbaum, entre empujones y codazos, se abrió paso entre la multitud, para permanecer lo más cerca de su líder, su protector. Como suele hacerlo en sus conferencias, declaraciones y discursos, va partiendo madres, con tal de arropar a Andrés Manuel López Obrador y para hacer evidente una supuesta coincidencia narrativa e ideológica. Se mimetiza cuando está cerca de él y se abre paso, contra quien sea y como sea, a fin de aparecer en la foto, a su lado. Pero en las tomas aéreas se veía chiquitita y, a veces, era ignorada y se perdía entre la gente.

Cada vez que a la jefa de Gobierno le preguntan sobre la campaña #EsClaudia, ella niega ser la autora intelectual y que destine recursos económicos para tal fin. Hizo exactamente lo mismo, con los carteles que convocaban a la marcha del 27 de noviembre y que, “por arte de magia” aparecieron en pasillos de las estaciones y vagones del Metro.

Guillermo Calderón, director del sistema de transporte, subalterno de Sheinbaum, aseguró que no se autorizó la instalación de propaganda para convocar a la marcha en apoyo del presidente López Obrador. Un día hizo la pantomima de retirarla y, de nuevo “se puso sola en la noche”. No obstante, la senadora panista Xóchitl Gálvez hizo un experimento. En una estación del Metro, colocó al lado de un cartel de la marcha, otro, donde aparece la imagen de la legisladora con la frase: “Pegar propaganda como ésta en el Metro es ilegal”. No duró ni 10 minutos. Un policía le dijo que sólo se permite pegar materiales autorizados por la dirección y no supo cómo justificar la de AMLO.

Pese a la evidencia, difundida por redes sociales, funcionarios de alto nivel presionaron a sus empleados a asistir a la marcha, so pena de perder su trabajo. Sheinbaum lo negó y dijo que, en todo caso, presenten su queja ante la Contraloría capitalina. Interponer una denuncia ante ese órgano, es firmar su sentencia de muerte, su renuncia inminente.

Adán Augusto López Hernández, cansado de caminar al lado de López Obrador, su hermano, optó por un atajo. Intentó llegar en bicicleta, pero ante su impericia para el pedaleo, mejor pidió un aventón a un policía, que pasaba en ese momento, en su motocicleta. Inició el recorrido con el mandatario, desapareció en buena parte del recorrido y volvió a escena en la plancha del Zócalo. Quiso llegar primero, al final, tuvo que esperar los tiempos marcados por su paisano.

Así es su vida al lado del mandatario. De repente está ahí, de pronto se aleja y vuelve. Aparece en las mañaneras, pero un día se le ocurrió promocionar la reforma sobre la permanencia de las Fuerzas Armadas ante los Congresos locales y organizó algunas reuniones de promoción personal y, a pesar de que ya 17 estados habían avalado dicha reforma, el funcionario continuó su gira. Ya se le acabó el pretexto; ahora espera con ansias, la reforma electoral, para repetir la experiencia. Se quedará en la espera.

Pero su impericia no sólo es para la bicicleta, sino también en sus declaraciones. Un día dice una cosa y, al otro, asegura que nunca dijo lo que dijo. Por ejemplo, en Michoacán comentó que había una investigación internacional contra el expresidente Felipe Calderón. Al día siguiente, casi dice que es una invención de la prensa y trata de recomponer. Unos días después comenta que  Calderón Hinojosa podría llegar a ser denunciado por delitos de lesa humanidad. Como esa, muchas.

Marcelo Ebrard, el canciller, estuvo en parte del recorrido al lado de López Obrador, junto con Sheinbaum y López Hernández; las tres corcholatas destapadas por el mandatario. Después hizo su propia fiesta, hasta que una persona le escupió la cara. El momento, quedó grabado en un video que, de inmediato, circuló en redes sociales. ¿Casualidad? Aunque algunos dijeron que se trataba de un incidente menor, ya no fue lo mismo. Caminó con mayor precaución, ya sin tanto protagonismo. De repente se da sus gustos, como este martes en Baja California, donde tuvo diversas actividades, en lo recibieron con gritos de “Presidente”.

A raíz del desplome de la Línea 12 del Metro, el carnal Marcelo tomó distancia. Las tensiones y enfrentamientos entre su grupo de apoyo y el de Claudia Sheinbaum se hicieron evidentes, a partir de tan lamentable suceso, en el que 26 personas perdieron la vida.

El canciller llegó a la plancha del Zócalo. Pero ya no al lado de la jefa de Gobierno y del Secretario de Gobernación. Les dejó abierto el camino a los otros dos aspirantes y tomó su lugar en el templete principal.

Aún a la distancia, el senador Ricardo Monreal Ávila estuvo presente en la marcha. Quizá no como él hubiese querido, pero ahí estuvo. Que incongruencia que la marcha, que pretendía representar la unidad de Morena, se expresara lo contrario, con agresiones contra dos de los aspirantes.

La agresión contra el canciller Ebrard y la manta, en las que calificaban al legislador de “traidor” y pedían su destitución de la Presidencia de la Junta de Coordinación Política del Senado, no son asuntos menores. Podrían ser el inicio o la continuidad, en algunos casos, del cisma en Morena.

Las ausencias se notan más que las presencias. Y no es la primera vez que Monreal Ávila falta a un Informe de Andrés Manuel. El 1 de diciembre de 2021, argumentó que no le daba tiempo a llegar. Explicó que se prolongó la comparecencia de Victoria Rodríguez Ceja, propuesta por López Obrador como Gobernadora del Banco de México. Su inasistencia fue criticada por muchos, al igual que la de este 27 de noviembre.

El dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, reveló que hay repudio, rechazo y enojo contra el senador Ricardo Monreal. Sin embargo, aseguró que no lo descartarán como aspirante a la Presidencia de la República, pero tendría que hacer un esfuerzo extraordinario de reconciliación con militantes y simpatizantes del movimiento. La reconciliación que propone Monreal, dijo, tendría que empezar con los militantes de Morena.

Aún a la distancia, Mario Delgado estuvo más atento a las declaraciones de Monreal, las cuales explicó al dedillo, que cuando le preguntaron sobre el “humanismo mexicano”, del que habló el presidente durante su informe, tuvo que inventar.

La marcha de la unidad no fue tal y ejemplificó el actuar de los aspirantes. Simboliza el principio del fin de un movimiento, en un camino que se bifurca, y que suponen los va a llevar a la misma meta. Ya se verá quiénes estuvieron equivocados.