Freno al individualismo y aumento de cuidadores familiares, retos para el mundo

Somos criaturas vivientes que dependen de procesos vitales que constituyen al planeta, entonces nos atraviesa una compleja red de relaciones para decidir cuál será la mejor manera de actuar, y cómo hacernos responsables de nuestros actos, consideró la también investigadora, filósofa y activista por los derechos LGBTTTIQ+, Judith Butler.

“Si mi propósito es solo mostrar que me opongo al avance del fascismo no es suficiente, no cambiaremos al mundo si insistimos en adoptar posturas morales que solo refuerzan el individualismo y nos distraen de la acción colectiva”, consideró.

Ante la comunidad universitaria y público en general, reunidos en el auditorio de la Antigua Escuela de Medicina de la UNAM, en el Centro Histórico, comentó: es claro que existen la singularidad en cada persona y se debe rechazar aquella identidad colectiva que niegue a las personas su carácter singular, “debemos retar nuestro sentido de ser cuando tratamos de entendernos como seres vivientes, en relación con otros seres vivientes, y con un planeta vivo amenazado por la destrucción y en el proceso de ser destruido”.

La profesora del Departamento de Literatura comparada en la Universidad de California, en Berkeley, añadió que somos responsables de la tierra o hacemos responsables ante un grupo de personas. Decimos que esa responsabilidad es mía, y se puede hablar de la responsabilidad de las instituciones, leyes justas, fortalecer a comunidades institucionalizadas.

Durante su conferencia magistral “Juicio, libertad, solidaridad: Pensando con Arendt/Judgment, Freedom, Solidarity: Thinking with Arendt”, repensó las propuestas de la alemana Hannah Arendt, referentes a la desobediencia civil, las violaciones a la ley, el juicio moral, pues estas referencias permiten abordar desde una diferente perspectiva la lucha por la igualdad en las sociedades actuales, considerando la crisis climática y los derechos de los animales.

La filósofa estuvo acompañada por Mary Frances Teresa Rodríguez Van Gort, directora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; y Rosaura Martínez Ruiz, profesora de esta entidad académica, quien recordó que Butler enfatiza en su obra el problema que representa que unas vidas se consideren más dignas de duelo colectivo que otras, no solo es un diagnóstico, sino un vehículo ético que nos permite formular un imaginario político del cuidado.

Imparable demanda

En Ciudad Universitaria, en el auditorio Jorge Carpizo, de la Coordinación de Humanidades, María-Ángeles Durán Heras expresó: aquello que el mercado no pone y que el Estado no es capaz de ofrecer, es provisto básicamente por las mujeres a través de los hogares, como los cuidados.

Precursora del feminismo académico en España y actualmente presidenta honoraria de la Cátedra UNESCO de Políticas de Igualdad de la Universidad Autónoma de Madrid, resaltó: “podemos tener una democracia que nos da la igualdad formal, pero quien lleva sobre sus hombros una carga del cuidado de 24 horas multiplicado por 365 horas, es esa persona (mujer) que no puede ejercer realmente sus derechos a la igualdad y a la libertad”.

De modo que cuidar es un asunto fundamentalmente político, ético, ¿cómo repartimos la carga del cuidado?, ¿qué cuidadores tienen que asumir su derecho a cuidar y a ser cuidados?

Ante la coordinadora de Humanidades de la Universidad Nacional, Guadalupe Valencia García, la también doctora honoris causa por la Universidad de La Rioja, España, agregó: “el más pobre del mundo no es el que tiene menos dinero, es el que necesita que le cuiden y no tiene quien lo haga”.

Al dictar la conferencia magistral “El cuidado: una frontera entre la economía del intercambio y la donación”, la investigadora ibérica especializada en el análisis del trabajo no remunerado y su relación con la estructura social y económica, alertó que el orbe se enfrentará a la imparable demanda de cuidadores familiares.

“Esto, debido a que, en los años por venir, más de una cuarta parte de la población mundial será mayor de 65 años y se encontrarán solos. En España, por ejemplo, se incrementará esta necesidad hasta en 80 por ciento”. Dicha situación no puede seguir recayendo en las mujeres, es un asunto político y ético, subrayó.

La economía del cuidado al final del día si la producen las instituciones está monetizada. ¿Qué hacemos con esto?, ¿cuál será la demanda y cómo vamos a organizar la oferta? No es una cuestión meramente económica, es de valores que queremos que sean prioritarios, abundó.