El acercamiento con el cine rumano permite la generación de pensamiento crítico

El campo de los estudios de la cultura y de la producción simbólica toma en cuenta las dimensiones sociales, éticas, estéticas y políticas, y en tal sentido el acercamiento con el cine rumano contribuye al debate teórico, a la reflexión y al diálogo sobre los desafíos contemporáneos en México, desde la óptica rumana, señaló el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Durante la ceremonia de clausura del Ciclo de Cine Rumano que se llevó a cabo en la Casa del Tiempo, refirió que “luego de los periodos de confinamiento que hemos atravesado, la cultura y las expresiones artísticas resultan determinantes para fortalecer el tejido social y el bienestar individual”.

Estas actividades son mecanismos que permiten la resiliencia y la generación de pensamiento crítico, y en ello radica la importancia de que se haya podido realizar este encuentro fílmico en los distintos auditorios de la Unidad Xochimilco.

Lo anterior representó la posibilidad de proyectar seis filmes –desde el pasado siete de septiembre– pero también “la oportunidad de entablar diálogos directos entre nuestra comunidad universitaria, en particular de nuestro alumnado del Doctorado en Humanidades con algunos directores de aquel país”.

El Rector General de la UAM dijo tener la seguridad de que esta colaboración con la embajada de Rumania en México tendrá repercusiones académicas muy positivas.

El excelentísimo doctor Marius Lazurca, embajador de Rumania en México, agradeció a la UAM el interés por esta cinematografía y señaló que el cine de su país tiene una historia larga y fragmentada, representada por el régimen totalitario comunista, pues “sabemos que desde el principio del siglo XX hasta 1945 se rodaron en Rumania unas 90 películas y la mayoría de ellas están perdidas”.

Del periodo posterior a la segunda guerra mundial y hasta el cambio democrático en 1989 fue prolífico para el cine rumano, pero casi todas las cintas, con algunas excepciones, eran de propaganda del régimen.

A pesar de las difíciles condiciones se formó una escuela cinematográfica que continuó resistiendo e incluso durante el periodo comunista, los filmes que no se alineaban a las exigencias de la ideología oficial, soportan al paso del tiempo y reconocen a una serie de directores poco conocidos. Hoy ya no sorprende a nadie que en cualquiera de los festivales internacionales una nueva película rumana sea premiada.

La maestra Dolly Espínola Frausto, directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Unidad Xochimilco, dijo que con el ciclo “asistimos a una experiencia de análisis y disfrute estético de la producción del cine de esa nación”.

Hace poco más de 20 años, con la cinta La muerte del señor Lazarescu, del director Cristi Puiu, inició lo que se llamó la nueva ola del cine rumano; “se abrió una etapa de producción que nos permitió observar y disfrutar de una generación de cineastas que con su trabajo nos muestra parte de la cultura de ese país”.

Hoy el cine rumano es un referente a nivel internacional, fundamentalmente con producciones de bajo costo que no requieren de gran despliegue tecnológico y “que nos hablan de la vida cotidiana, familiar, de las relaciones de los ciudadanos de ese país y sus problemas morales o políticos, entre otros”.

Algunos autores plantean que durante la época comunista en Rumania se podían crear películas propias del realismo socialista, es decir, las aprobadas por las autoridades que pretendían crear un cine con fines propagandísticos; “hoy este país aparece con una experiencia reveladora, con la construcción de nuevas rutas, el reacomodo de sistemas de valores y la persistencia de su cultura y sus raíces”.

El doctor Diego Lizarazo, coordinador de la línea de Teoría y Análisis Cinematográfico del Doctorado en Humanidades de la Unidad Xochimilco, afirmó que en dicho posgrado se propone desarrollar ciclos de cine que involucren “cinematografías descentradas”, distanciadas del filme estadounidense, francés o británico para dar cuenta de esas otras posibilidades que se realizan en regiones de Latinoamérica, África o Asia, entre otras, y dar paso no sólo a la discusión académica especializada, sino a la interpretación de la experiencia social, de la historia, de las condiciones de las sociedades y la relación entre los seres humanos de esas cinematografías.

Estos abordajes descentrados permiten comprender y construir relatos y simbolizaciones, lo cual “nos parece un valor muy significativo, por lo que esperamos desarrollar esta propuesta”, subrayó.

En este Ciclo de Cine Rumano, por ejemplo, “observamos que hay una gran potencialidad crítica respecto de lo que significó el régimen autoritario y la sobrevivencia de esta industria en la Rumania contemporánea”.

En el marco de la clausura se exhibió el corto La leyenda del camionero cobarde, del director Cristian Mungiu, considerado uno de los más importantes exponentes de la nueva ola de cine rumano.