Dieta corporativa se impone a opciones alimentarias saludables

El Estado debe cambiar las políticas públicas en materia alimentaria, a fin de acceder a dietas más benéficas que impulsen el consumo directo de alimentos frescos como frutas y verduras, promuevan los cultivos locales del campo mexicano, apoyen las cooperativas y se combata la desigualdad de los pequeños productores frente a las empresas trasnacionales.

En lo anterior coincidieron expertos en el tema reunidos en el Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM, en un evento híbrido organizado por esa entidad académica y la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (COUS).

Durante el conversatorio “La dieta neoliberal y obesidad en México. El papel de las políticas públicas en la transformación de los ambientes alimentarios” -moderado por Ana Laura González Alejo, del IGg, y David Sébastien Monachon, de la COUS-, el sociólogo Gerardo Otero, profesor-investigador de la Universidad Simon Fraser de Canadá, explicó: la llamada dieta neoliberal o corporativa es uno de los principales símbolos de la vida moderna, incluye la “comida chatarra”.

Producida por grandes empresas multinacionales que generan alimentos ultraprocesados altos en azúcares, sal y grasas, contiene también ingredientes como endulzantes, colorantes, saborizantes, conservadores, espesantes y otros productos, varios de estos derivados del petróleo.

“Al hablar de régimen empresarial o corporativo se está señalando cuáles son los agentes económicos dominantes, pero no de la gente que podría cambiar las cosas, que es el Estado. Al llamarle neoliberal se entiende que se trata de un conjunto de políticas públicas y que, si estas son las que nos han llevado al tipo de dieta que seguimos desde los años 80, quiere decir que se podría modificar la política de tal forma que accedamos a dietas más saludables”, añadió Otero.

Comentó que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en un informe de 2012 señaló que 870 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria, 850 millones de ellas viven en países en desarrollo. Destacó que en un mundo productor de suficiente comida, la inequitativa distribución del ingreso impide que todos tengan acceso a una alimentación suficiente e inocua.

A su vez, el director general del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, Ruy López Ridaura, dijo que los ambientes alimentarios del país se han modificado para mal. “Existe una degradación y el acceso a opciones alimentarias saludables es cada vez más difícil”.

“En esta administración hemos priorizado las políticas que van a modificar los contextos en los entornos alimentarios. Un problema se genera cuando el Estado se repliega y deja que los vaivenes del mercado vayan definiendo estos problemas alimentarios; es el profundo conflicto de interés que se genera con las industrias, que va dejando que influyan en las políticas de Estado”, aclaró.

En su oportunidad, Claudia María Mesa Dávila, del Área de Enseñanza de los Servicios de Salud Pública de la Ciudad de México, consideró que en esta cultura de alimentación las escuelas son decisivas para implementar una nueva alimentación saludable. Refirió además la alta prevalencia de obesidad y enfermedades cardiovasculares entre la población nacional.

“Continuamos con esta visión antropocentrista, individualista y materialista del no cuidado del medio ambiente, y de la venta de alimentos ultraprocesados que además están empacados y resguardados en una serie de materiales que no son para nada biodegradables”, alertó.

Simón Barquera Cervera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, destacó que en este asunto es importante un enfoque impulsado en la persona y en las políticas públicas que favorezcan la salud.

“Esa visión centrada en la persona debe tener una profunda claridad de cuáles son sus determinantes sociales. Si uno no tiene claridad de qué es lo que está causando en México esta epidemia, puede a nivel individual hacer recomendaciones equivocadas de qué están causando estos problemas”. Lo correcto es el enfoque que le permite al individuo tener las condiciones para lograr una vida saludable, indicó.

Los especialistas se pronunciaron en favor de impulsar, en las escuelas y universidades, un nuevo estilo de vida saludable que priorice los alimentos del campo, el trabajo campesino y las cooperativas, y que se vendan productos frescos en las tiendas escolares en vez de comida chatarra.

También apoyaron políticas como la del etiquetado de alimentos, que informa directamente al consumir sobre el exceso de algunos ingredientes.