Tras bambalinas/Jorge Octavio Ochoa

Un viaje desastroso y sin sentido

Comentábamos hace 7 días, que la visita de AMLO a BIDEN en Washington, serviría para ventilar agravios y presentar carpetas de investigación sobre narcotráfico, lavado de dinero y corrupción en México.

Pues sí. Los desaires menudearon y fueron notorios. No lo recibió su homólogo desde el primer día; no hubo invitación del Congreso norteamericano para pronunciar un discurso; no hubo comida ni cena.

Lo recibió Kamala Harris y funcionarios de seguridad. Al final de la entrevista con Joe Biden, se difundió la imagen de un López Obrador notoriamente incómodo, por momentos, angustiado y con ganas de salir de ese sillón.

A menos de 48 horas del encuentro, en suelo Azteca se registraron dos hechos impresionantes relacionados con el narcotráfico: la captura de una célula del Cártel de Sinaloa en Topilejo y la detención de Rafael Caro Quintero.

Fueron los eventos mediáticos más relevantes, surgidos de una evidente prisa por mostrar algún tipo de resultados, pero plagados de opacidad. No sabemos cómo surgió el operativo rumbo a Cuernavaca ni quién detuvo al famoso “Rafa”.

Mientras eso trascendía en los medios, en el México profundo se registraron otros hechos lamentables, como la aparición de otros dos colgados, en Guerrero, gobernado por la hija de Félix Salgado, y el asesinato, de 2 médicos.

En términos reales, no hubo triunfo alguno de la 4T. Los aliados tuvieron que acallar el fracaso con un desplegado firmado por 17 gobernadores en funciones y otros 4 electos, para aparentar logros de un viaje desastroso y sin sentido.

La descomposición de la estrategia de “Abrazos, no balazos” es, en términos reales, un escándalo a nivel internacional, que visualiza el pacto existente con el Cártel de Sinaloa en particular.

Un reciente video de la senadora Imelda Castro es revelador en ese sentido, pues fue grabado a la entrada de Badiraguato, y afirma que con la legalización del comercio de la mariguana, “se busca hacer justicia a los pueblos que han sido criminalizados”.

Con la aprobación de la Ley Federal de regulación de la cannabis, “los campesinos podrán obtener licencia del Estado para cultivar, comercializar y exportar la mariguana”, dice la legisladora con cierta ingenuidad o estulticia.

“¡En hora buena para todos los pueblos de Sinaloa!” remata su mensaje la mujer, como si el tema hubiera sido ampliamente analizado, discutido y aprobado ya en todos sus términos e implicaciones.

Sin embargo, paralelamente a la gira del presidente López Obrador, el gobierno de Estados Unidos daba a conocer otras noticias que colocan en su verdadero ámbito el problema de las drogas y las redes de criminalidad y violencia que generan.

MARIGUANA Y AMAPOLA YA NO SON EL NEGOCIO

Lejos de la puerilidad del mensaje de la senadora de Morena, el gobierno estadounidense dio a conocer la noticia sobre el decomiso de más de un millón de píldoras de fentanilo, en California.

Se informó de la detención de un camión en San Diego, cargado con más de 5,000 libras del narcótico en 148 paquetes. Cuatro mexicanos provenientes de Tijuana fueron arrestados.

Los cuatro detenidos son Rafael Alzua, Ethgar Velázquez, Mario Contreras y su hermano Galdrino Contreras, de entre 37 y 44 años. Todos son originarios de Tijuana, México.

La mariguana y la amapola ya no son el negocio. Ahora lo son los precursores químicos para la elaboración de drogas más fuertes y peligrosas, controladas desde México y distribuidas en ambos países.

Junto con esto, el gobierno de Estados Unidos dio a conocer la detención de un presunto traficante de armas de grueso calibre para el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Se trata de Obed Christian Sepúlveda Portillo, de 40 años, originario de Jalisco, fichado por la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro estadounidense.

Además, hay otros expedientes de lavado de dinero, vía remesas, y el involucramiento de políticos mexicanos implicados no sólo con el tráfico de estupefacientes, sino con ejecuciones y asesinatos.

Es decir, para el gobierno de Joe Biden, el origen de este grave problema de la violencia y el narcotráfico ya no sólo es la pobreza y marginación de los pueblos. Hay un mar de fondo de corrupción entre funcionarios de ambos gobiernos.

Por ese mismo cedazo pasa el tema de los migrantes. El crimen organizado ha creado toda una industria del traslado de personas, ahora con el fin de generar inestabilidad política a los gobiernos en turno.

Claro que no hay respuesta al “Sembrando Vida en Centroamérica”, si se ven manos que mesen la cuna. No hay confianza ni económica ni política. Lo que ven allá es un doble discurso, plagado de bravuconadas, pero vacío de propuestas.

La relación se volverá todavía más tensa de aquí a noviembre. Vendrán elecciones en Estados Unidos y una cumbre de mandatarios de América del Norte, en México, que sólo auguran confrontación.