Fake news, comunicación que divide

Pablo Gentili, exsecretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), recalcó que las noticias falsas tienen dos características: se sustentan sobre la base de una realidad aparente y, además, se alimentan de un elemento que, en general, las personas democráticas creen: la verdad siempre triunfa y no se puede mentir de forma tan escandalosa.

El especialista argentino participó en los trabajos de la 9ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales. Tramas de las desigualdades en América Latina y el Caribe. Saberes, luchas y transformaciones, y dijo:

“Esto ha generado una serie de operaciones bien estudiadas y analizadas que permiten, en alianza con los grandes medios y corporaciones de la comunicación, definir las grandes líneas discursivas y narrativas a partir de las cuales se comienzan a organizar los temas problemáticos, las cuestiones complejas que enfrentan nuestras realidades”.

Para esto, la derecha, además de contar con importantes recursos y tener organizaciones que fortalecen y apoyan estas acciones, “conecta” de forma directa con un malestar, con una sensación de “bronca”, miedo, incertidumbre y hasta de odio de la gente.

A pesar de los avances democráticos que han logrado varios de nuestros gobiernos, reconoció Gentili, persisten injusticias y desigualdades que en pocos años no se pueden revertir, porque los gobiernos progresistas en la región no acumulan en ningún país más de 20 años, mientras las oligarquías, la derecha y los grandes grupos de poder han administrado y dirigido nuestros gobiernos los últimos 200 años.

Por ello, tenemos el desafío de ocupar la calle, pero también conectar de una forma democrática con el malestar que tienen nuestras poblaciones, porque no necesariamente se transforma, como alguna vez supuso la izquierda, en un fermento revolucionario, en un espíritu contestatario, sino que se constituye en un elemento que tiende a fortalecer los mecanismos más autoritarios de la sociedad, antidemocráticos, patrimonialistas, machistas, xenófobos y discriminadores; eso ocurre hasta en los países más desarrollados del mundo, como Estados Unidos, Alemania o Francia, consideró.

Durante el diálogo magistral Comunicación, política y derechos: entre las fake news y las iniciativas populares, Gabriela Montaño, subdirectora del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) y expresidenta de la Cámara de Diputados de Bolivia, afirmó que la comunicación política que se utiliza todos los días en las redes sociales intenta fracturar nuestros bloques populares: dividir a los académicos de los luchadores sociales y militantes en los barrios, y “eso no se puede permitir”.

Recordó que en su país, Bolivia, se usaron las elecciones para romper la democracia que tanto había costado fortalecer, con el pretexto de un fraude electoral que -aunque encabezaba los medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y las redes sociales-, nunca pudo probarse.

“La derecha está logrando que cuando un gobierno de izquierda gana elecciones con 47 o 48 por ciento, ya no sea suficiente; tiene que obtener el triunfo con más de 50 por ciento de la votación, porque con menos puede dar un golpe de Estado”, como ocurrió en Bolivia en 2019. En ese entonces, reconoció, fue una gran deficiencia no comunicar a la gente, a partir de la dirigencia política, lo que estaba pasando.

Otra razón por la que se dio ese acontecimiento fue que no había un espacio de integración regional que “se la juegue” con la democracia. “Luis Almagro se disfrazó de organismo internacional para dar ese golpe”. Sin embargo, “nadie puede quitarnos nuestra capacidad de articularnos, de abrazarnos, de entender a los otros como propios”, sostuvo Montaño.

Para la experta hay dos tareas hacia adelante: incorporar los progresismos, las izquierdas; y batallar contra la desigualdad, al tiempo de continuar la lucha por los derechos de las mujeres, la población LGBTIQ+ y el equilibrio con el ambiente, “porque esa es nuestra manera de conectar con las generaciones más jóvenes, con los pueblos indígenas, con la población negra de nuestro continente. Y eso es lo que intentan fracturar con una comunicación que nos divide, que separa a feministas de indígenas, a jóvenes de la población negra, etcétera.

Profundiza impacto negativo

Durante el foro “Digitalización: apropiación social y política públicas desde una perspectiva ética y de derechos”, Susana Morales, profesora de la Facultad de Ciencias y de la Comunicación de Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, indicó que el sector de las tecnologías digitales es uno de los responsables más importante de la crisis climática, cuya contribución al calentamiento global sobrepasa a la aviación.

En ese sentido, dijo, no podemos salir de la pandemia celebrando la existencia de tecnologías digitales que han permitido a la sociedad continuar la vida durante esta contingencia, sin cuestionarnos si el mundo tecnologizado en el que vivimos, en lugar de contribuir a la mejora de la calidad de vida de la población, profundiza el impacto negativo de la actividad humana, “de tal manera que comprometan seriamente la vida de las actuales y próximas generaciones”.

Para la latinoamericanista y comunicóloga Delia Crovi Druetta la tendencia en la educación superior es hacia los programas híbridos, con un paisaje de subjetividades y experiencias múltiples que confrontan una realidad diversa, con una forma de educar basada en tecnologías y plataformas.

Las brechas en conectividad e infraestructura tecnológica; habilidades digitales; gestión del espacio tiempo; vigilancia social como amenaza a la autonomía de la enseñanza superior y las apropiaciones tecnológicas desiguales, han llevado más a la repetición que a la innovación cultural, aseveró durante el panel “Desafíos y propuestas para una agenda de los países de Europa y ALyC en torno a los procesos de digitalización contemporáneos”.

En su exposición, Guiomar Rovira Sancho, profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, subrayó que la era digital ha modificado la influencia política; sin embargo, esta utiliza los datos personales que recopila, analiza y aloja en grandes bases de que pertenecen a grupos políticos, empresas privadas y plataformas digitales, incluyendo a los propios Estados.

Esa información, abundó, puede cambiar de manos, lo que representa un problema porque nuestra privacidad está sujeta a intereses del mejor postor. Por ello, es necesario hablar de soberanía de datos y tecnología. No es que tenga que ser así este mundo de plataformas corporativas, política y democráticamente se puede crear otro tipo de infraestructura digital.

En este encuentro también participó, a distancia, Tristán Mattelart, de la Université Paris Panthéon Assas, Francia, quien abordó el tema del imperialismo de las plataformas digitales.